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No me
diga que carga gasolina donde Usted decide
Disponen de dinero propio, son muy críticos,
están bien informados y conforman
un segmento que mueve cifras millonarias y siempre crece.
“A los chicos se les puede vender
cualquier cosa”...
“No discriminan entre lo bueno y lo
malo...”
“A un mercado de consumidores chiquitos
se lo conforma con ideas chiquitas”...
Cuantas veces se escuchan estas
simplificaciones o se minimiza la importancia de un proyecto,
sencillamente porque el target no mide más de 1,20 de altura.
Gran error.
Hoy el mercado que mueven los chicos tiene
un tamaño verdaderamente asombroso y no deja de crecer. Se
estima que el 27 por ciento de la población argentina tendrá
menos de 14 años y se calcula que América latina estará
poblada por 154 millones de chicos. Léase potenciales
consumidores, personas que elegirán el producto que desean
comprar.
A la hora de analizar este segmento del
mercado, las cifras son categóricas: más del 40 por ciento
de los chicos entre 6 y 11 años influye en la elección de
los restaurantes de comida rápida, y el 75 por ciento decide
qué quiere comer; el 85 por ciento va con sus padres a
realizar las compras de la casa; visitan los negocios más de
250 veces por año; gastan la mayor parte de su dinero en
golosinas, bebidas, snacks y comida rápida.
Nos guste o no, los niños son grandes
consumidores. Hasta tal punto es así que el mercado que
constituyen no es uno sino que son tres: un mercado que
compra, otro que influye y un tercero que crece y desarrolla
fidelidades.
Desde el punto de vista del marketing,
trabajar para ellos implica ponerse una “nueva cabeza” y
volver a pensarlo todo. Las empresas saben muy bien que se
trata de un público cada vez más difícil de seducir y que
es mucho más crítico que el resto de la población a la hora
de comprar un producto o elegir una marca.
Los niños de hoy son más independientes,
tiene más responsabilidades y más dinero para gastar. Se
distraen con juegos que jamás habíamos imaginado, y gracias
a la cultura de la TV son capaces de asimilar miles de imágenes
y mensajes en cuestión de minutos.
De chiquitos, al changuito
Cuando llega el momento en que el niño
puede sentarse derecho por sí solo se lo instala en su puesto
de observación culturalmente definido: arriba de un changuito
de compras. Hay estudios que afirman que al año los niños
acompañan a los papás al supermercado y observan; a los dos
años, los acompañan y piden; a los tres seleccionan con
permiso y a los cinco hacen compras independientes.
Las empresas que hoy se disputan el mercado
de los más chicos para venderles sus productos saben muy bien
que deben manejarse con códigos sutiles. Ya no sirven los
mensajes que apelan directamente a los jóvenes queriendo
convencerlos de las increíbles bondades del producto. La
mejor forma de manipular a los jóvenes es no intentarlo. Son
muy críticos, esta bien informados y es muy difícil engañarlos.
En un reciente trabajo de investigación
sobre el sector, se señala que 900.000 chicos entre 8 y 17 años,
pertenecientes a hogares de clase media y alta que habitan en
la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, Argentina, disponen
dinero propio por un monto cercano a los $400.000 al año.
Cuando se analiza en qué lo gastan, se
afirma que la mayoría “se lo come”: el 51 por ciento
compra golosinas y el 26 por ciento va a un restaurante de
fast food . Claro que no todo desaparece en la boca, porque
cuatro de cada diez compran ropa y accesorios, y una proporción
similar opta por el ahorro.
El reinado de Coca-Cola parecería ser
indiscutible cuando se les consulta a los chicos por la
preferencia de las gaseosas. Algo parecido sucede con Mc
Donald's cuando el interrogante apunta a los restaurantes de
fast food . Mientras que en el rubro zapatilla, Adidas marcha
al frente cuando la pregunta es qué zapatillas tienen
actualmente en uso.
Y si Usted es padre de algún niño de esta
edad, con la mano en el corazón, no me diga que carga
gasolina en donde Usted decide. Antes de creerse el Rey de la
decisión, fíjese qué promoción está lanzando alguna
petrolera y, antes que le perforen el oído, diríjase
directamente allí. No pierda tiempo. Ellos mandan.
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